Nuestra vida no es digital: Mario Bautista y el arte de volver al presente
Entre referencias al funk ochentero y escenas nocturnas recorriendo la Ciudad de México, Mario Bautista encontró el corazón de LOVERBOY PARTE 1: volver al presente.
May 26, 2026
Cuesta trabajo imaginar una vida sin tecnología. Sin el vértigo constante de sentir que nos estamos perdiendo de algo. Y es cierto: los avances tecnológicos han facilitado muchísimas cosas. El trabajo, la comunicación, el transporte, el entretenimiento. Las computadoras y los celulares han hecho la vida más práctica y nos han permitido estar más conectados los unos con los otros.
Las redes sociales, por ejemplo, son una invención increíble. Han impulsado relaciones a distancia, permitido compartir nuestras vidas con el mundo y, muchas veces, servido como puente para reencontrarnos con personas que creíamos perdidas en el tiempo. ¿Quién no le ha escrito a un viejo amigo después de años sin hablar solo porque apareció una notificación de cumpleaños?
La tecnología también ha eliminado algo que antes parecía inevitable: el aburrimiento. Basta con desbloquear el celular, abrir una aplicación y comenzar a scrollear para llenar cualquier espacio vacío.
Pero todo exceso tiene consecuencias.
Pensemos por un momento en la última vez que estuvimos realmente presentes en una reunión social. Sin pensar en qué íbamos a subir a redes, en cómo nos veríamos en las fotos o en qué estaba pasando fuera de esa mesa. Pensemos también en la última vez que salimos a caminar sin audífonos, sin podcast, sin música de fondo; simplemente escuchando el ambiente, observando las calles, sintiendo el ruido de la ciudad y estando presentes en nuestro propio entorno.